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23 Julio

Maestro Javier Chinchilla y su ecultora Uiqu, Waywa, Yaku

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Hacemos un reconocimiento a este hijo de Pitalito, graduado en artes plásticas de la Universidad del Cauca, quien inició su carrera pintando obras que tuvieron gran aceptación en el orden nacional, pero que finalmente decidió inclinarse por la escultura. Ha participado en múltiples exposiciones y ha recibido el reconocimiento de críticos especializados en el mundo del arte.

El maestro Javier Chinchilla, pintor y escultor, nos entrega conceptos basados en sus investigaciones para la realización de su obra Uiqu, Waywa, Yaku, nombre de la escultura pública que donó a Pitalito y puso en el Centro Cultural Surcolombiano.

Para entregarnos una radiografía de ese trabajo, tuvo necesidad de abordar las ciencias de la historia, la sociología, la antropología y las artes plásticas.

La obra se titula Uiqu, Waywa, Yaku, nombre compuesto por la lengua Quechua, lengua que dio origen a la actual cultura, resultado de la histórica aculturación. Las palabras en Quechua Uiqu, Waywa, Yaku, traducen en su orden Montaña, Viento, Agua.

El maestro Chinchilla, hace una exposición teórica del concepto que esboza de la obra y sostiene que, “es evidente el largo  trasegar de toda una  cosmovisión bifurcada hacia el futuro de las generaciones  presentes. Estamos obligados a dejar huella social, con  el ánimo del  mejor  de los filántropos. El embellecimiento público filosofía para el transeúnte o ciudadano, es un  deber en el estadio de la sensibilidad por el otro. Esto nos  induce  a exigir que  todo gobernante y sociedad deben  estar  comprometidos para aportar al  crecimiento citadino de quienes conviven  en una  sociedad enajenada de cultura; tomada esta como desconocimiento de su histórica  cosmovisión”.

Antecedentes y contextualización.

Sostiene que toda cultura tiene una cosmovisión que epistemológicamente obliga a indagar sus orígenes en el accionar de los individuos en todos los tiempos.

“La cultura del municipio de Pitalito Huila es el resultado acultural de la mezcla obligada y sometida en el pasado de hombres, mujeres, niños, y niñas por los individuos europeos; mestizaje que se dio en toda América, razón por la cual todos tenemos un porcentaje de blanco, de nativo y de afrodescendiente.

Las  tribus  y naciones  nativas de Pitalito y sus alrededores se ubicaron sobre el majestuoso  río  Magdalena y el río Guarapas. Ríos que bañan y cruzan  en medio de las cordilleras oriental y central, templos de la Pacha Mama como lo fueron los territorios de nuestra cultura nativa”.

El maestro Javier Chinchilla, hoy dedicado a la docencia y en una institución educativa de Pitalito, se sumerge en afirmar que ese producto de la colonización “marginó a los nativos, dando paso a un progreso crudamente enajenado, pero también enlazando nuevas formas  de cultura para abrir el paso al portal de la interacción de la flauta dulce, el tambor, la ocarina, junto con la guitarra, el arpa, entre otros instrumentos de diferentes culturas”.

Afirma que con el quechua y el castellano nos unen en el pasado y el presente. “Tiempo que fue formado por hombres rudos y callosos por labrar y defender la tierra de los futuros ciudadanos modernos de Pitalito Huila. Legado para  la posteridad de su pueblo, formado por campesinos, y nativos, referenciado como dueños y señores de la tierra.

El nativo come boruga, guara,  y maíz; los colonos lo mismo pero con arroz. Si el nativo se embriaga con chicha, el colono también; estos son ejemplos de nuestro crisol cultural connotando el galopar, el San Pedro, y el San Juan, más su  cálida y diversa flora.

Con esta  escultura titulada bajo el nombre de  Uiqu, Waywa, Yaku, posiciona una nueva y actual visión plástica de cómo ilustrar a través de la tridimensionalidad en  un lenguaje contemporáneo, la generalización conceptual de la cosmovisión laboyana en el crisol de los tiempos.

Significado

La obra referente a la connotación y jerarquía de signos como: colores, forma, textura, posición, dirección significan:

Colores: El cuerpo de la obra en un noventa por ciento está pintado en color verde, degradándose como color plano en la gama de verdes en cinco lados de los visibles que la conforman en su totalidad.

El color verde representa  la fertilidad del Valle de las dos cordilleras Oriental y Central, que abrazan al  Valle de Laboyos con sus productos típicos como el café, la caña, la guayaba, y desde luego la guadua y el cachimbo entre otros. Para final mente representar el concepto de montaña.

El color azul simboliza los ríos Magdalena, Guarapas, y demás afluentes   acompañantes en el viaje eterno por el valle misterioso y mítico del Laboyos.

La lámina de acero representa la majestuosidad  ondeante del sol en sentido  oriente a occidente.

Los colores rojo, naranja, que están sobre las concavidades en el cuerpo de la obra, representan las diferentes razas y  acciones de los hombres nativos, blancos, junto con sus costumbres, nuevas y ancestrales como ceremonias indígenas, fiestas colonas como el San Pedro, ferias, cabalgatas, movimientos políticos y comerciales que han dejado huella en la historia y cosmovisión laboyana.

La forma convexa inferior  a manera de túnel, representa el pasado y el presente de todo un accionar cultural que se gestó en el crisol del tiempo para todos los tiempos.

La escultura es un Tótem del nativo huilense, el cual lo aborda como representativo de firmeza, valentía, agricultura, música, alfarería, y una infinita gama de rituales misteriosos. 

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